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Coleccionismo de arte: El coleccionista

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"Una colección, incluso pequeña, es un ejercicio de criterio sostenido; es una declaración de aquello que valora quien la creó." HPA

En los textos anteriores recorrimos la obra y la mirada que la observa, su valor, el sistema que la rodea y el papel de la galería. Falta el actor que pone todo eso en movimiento: quien decide comprar.

 

Coleccionar arte parece un asunto privado: alguien elige una obra, la paga y la lleva a su casa. Sin embargo, pocas decisiones privadas tienen consecuencias tan públicas. Lo que compra un coleccionista —y a quién se lo compra— puede incidir en la carrera de artistas, la permanencia de galerías y, con el tiempo, incluso en el perfil artístico de una ciudad.

1. El coleccionista

Antes de hablar del coleccionista como agente del mercado, conviene detenerse en algo más simple: quién es. La palabra evoca fortunas, bodegas climatizadas y museos privados; pero, en la práctica, un coleccionista es alguien que decide convivir con el arte y sostener esa decisión a lo largo del tiempo.

Ahí reside la diferencia entre comprar arte y coleccionar. Comprar una obra es un acto aislado — responde a un gusto, a un espacio por llenar, a una ocasión. Coleccionar implica una continuidad: cada pieza que ingresa dialoga con las anteriores y, con el tiempo, el conjunto revela una mirada que ninguna obra individual contiene por sí sola.

Por ello el coleccionismo no comienza con un presupuesto, sino con una intención. Como señalamos en un texto anterior, una obra de mil dólares puede tener un valor intangible superior al de una obra de un millón para quien la posee. Lo que distingue a un coleccionista no es la escala de sus adquisiciones, sino la consistencia de sus decisiones y el conocimiento que va acumulando al tomarlas.

 

Y esa consistencia — construida obra por obra, durante años — es la que convierte una preferencia personal en una fuerza que actúa sobre el mercado. Es el punto de partida de todo lo que sigue.

 

2. Soporte económico del mercado

Como hemos revisado en textos anteriores, la democratización de la oferta artística permite que más personas puedan participar en el mercado del arte como coleccionistas. Por ello es importante comprender los distintos roles que desempeña dentro del mercado y los efectos de sus decisiones.

En primer lugar, es parte fundamental de la demanda y representa el soporte económico del mercado: mediante la adquisición de una creación proporciona a galerías, casas de subastas, marchands y artistas los recursos necesarios para desarrollar sus actividades, brindándoles la oportunidad de continuar con sus funciones de promoción, difusión y especialización.

Para darnos una idea del tamaño del mercado, de acuerdo con el Global Art Market Report 2026 de Art Basel y UBS, se estima que durante 2025 las ventas de arte y antigüedades a nivel mundial alcanzaron los 59,600 millones de dólares.

En este sentido, el mismo reporte señala que el 49% de los compradores a quienes los galeristas y comerciantes de arte vendieron en 2025 fueron nuevos clientes, representando el 38% del valor total de las ventas que realizaron. La tendencia es aún más marcada en las galerías pequeñas, donde los compradores nuevos representan ya el 60% de la clientela.

3. Agente de influencia

Por otra parte, el coleccionista tiene influencia en el acontecer cultural de una sociedad. Es decir, derivado de sus gustos, preferencias y conocimiento en la materia, consumirá las creaciones artísticas que cumplan con sus exigencias.

Así, los coleccionistas influyen en el ecosistema creativo y pueden contribuir al desarrollo y consolidación de determinados lenguajes y movimientos artísticos, pues los creadores, al tener financiamiento, pueden elaborar proyectos y exponer en espacios públicos, permeando en los espectadores e influyendo en otras mentes creativas del lugar.

En México, Oaxaca constituye un ejemplo particularmente rico de esta relación. La presencia de artistas de distintas generaciones, sumada al desarrollo de talleres, galerías, museos, espacios independientes y una base de coleccionistas locales y foráneos, ha contribuido a formar un ecosistema en el que la creación, exhibición y comercialización de arte se retroalimentan. Figuras como Rufino Tamayo, Francisco Toledo, Rodolfo Morales o Sergio Hernández, entre muchas otras, han contribuido desde distintos momentos y lenguajes a consolidar la relevancia artística del estado.

Adicionalmente, los coleccionistas pueden influir en qué tan abierta o cerrada resulta la oferta artística de su sociedad. Un ejemplo de ello es China, donde existe una marcada orientación hacia el mercado local, especialmente en China continental, en contraste con el perfil más internacional de Hong Kong. En 2025, el mercado chino representó el 14% del mercado mundial, con un valor aproximado de 8,500 millones de dólares. Durante el periodo, las ventas en subasta de China continental aumentaron, mientras que el mercado de Hong Kong se contrajo.

Los coleccionistas cumplen además un rol muy importante como promotores culturales. Esta labor puede ir desde la asistencia a exposiciones y la recomendación de artistas entre colegas y amigos, hasta la vinculación institucional internacional o la creación de museos y muestras públicas a partir de colecciones particulares. Gracias a ello hoy tenemos acceso a una oferta cultural más rica; dos ejemplos en nuestro país son el Museo Jumex y el Museo Soumaya.

4. La responsabilidad de coleccionar

Es importante que aquellos que se encuentran interesados en participar en el mercado lo hagan con responsabilidad y atendiendo a criterios que favorecen el crecimiento y profesionalización del sector.

Hay una anécdota del coleccionista Eugenio López Alonso, presidente de la Fundación Jumex Arte Contemporáneo, que ejemplifica muy bien el efecto que tienen estas decisiones. Durante una estancia en Londres, López notó que una galería exhibía la obra de un artista mexicano. Entró y compró. Cuando le preguntaron por qué la adquiría ahí, si podía conseguirla en México, respondió: "si no apoyo en Londres a un artista mexicano, el galerista no le dará espacio otra vez".

Sus decisiones y canales de adquisición pueden incidir en el crecimiento del mercado local o su estancamiento, la existencia de galerías y marchands o su ausencia, e incluso la presencia de artistas en galerías o la pérdida de incentivos para representarlos, como ilustra la anécdota anterior. Es fundamental destacar que no sólo se trata de artistas consolidados y transacciones millonarias: el consumo local orientado a jóvenes creadores incide directamente en el fortalecimiento de este sector y da vida a galerías con nuevas propuestas y disciplinas.

Prácticas que debilitan el mercado

En contraparte, utilizar la investigación, curaduría, selección, exposición y vinculación de una galería para descubrir a un artista representado y después excluir deliberadamente a la galería de la operación para conseguir un descuento es una práctica que puede limitar el desarrollo del arte local y la profesionalización del sector. De igual forma, no es que obtener un descuento automáticamente haga que la colección valga menos. El problema aparece cuando existen descuentos sistemáticos, arbitrarios o muy profundos, porque pueden erosionar la consistencia de precios de un artista: si una obra oficialmente cuesta $100 USD pero regularmente se vende por $60, los $100 dejan de ser una referencia creíble.

Uno de los grandes retos para las industrias culturales y artísticas en los países en desarrollo se encuentra en el financiamiento. Por ello, la labor de los coleccionistas responsables resulta fundamental para propiciar el crecimiento de los mercados de arte locales: no únicamente por su contribución económica, sino por lo que aportan a la construcción de conceptos artísticos y por su apertura hacia una oferta más plural.

Coleccionar responsablemente implica también desarrollar conocimiento. Visitar exposiciones, conversar con artistas y galeristas, conocer museos y colecciones, leer, comparar propuestas y comprender los contextos en los que se producen las obras permite que las decisiones de adquisición trasciendan el impulso inmediato. Con el tiempo, este aprendizaje construye el criterio que da identidad a una colección.

Coleccionar arte es, finalmente, una decisión personal que adquiere una dimensión colectiva. Cada obra incorporada a una colección responde a un gusto, una historia o una búsqueda individual, pero al mismo tiempo participa en una cadena que permite a artistas crear, a galerías investigar y promover, y a nuevos proyectos culturales desarrollarse. Entender esa relación no debería restar espontaneidad al placer de coleccionar; por el contrario, permite comprender que detrás de cada adquisición existe también la posibilidad de contribuir al patrimonio artístico de una sociedad.

 

Helio Pareja Amador

* Fuentes consultadas: The Art Basel and UBS Global Art Market Report 2026, por Arts Economics (Dr. Clare McAndrew), publicado por Art Basel y UBS. Azpiroz, Raquel. "El coleccionista de arte más importante de América Latina", Forbes México, 12 de septiembre de 2014. Disponible en: https://forbes.com.mx/el-coleccionista-de-arte-mas-importante-de-america-latina/

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